Mateo Zúñiga
Cali, 1993
La obra de Mateo Zúñiga parte de la exploración constante entre el paisaje y arquitectura como territorios sensibles atravesados por la memoria, la experiencia cotidiana y la observación del entorno. Su práctica abarca la pintura, el dibujo y la instalación, entendidos no como disciplinas aisladas, sino como lenguajes interconectados que permiten construir espacios simbólicos, atmósferas visuales y estructuras narrativas.
Zúñiga investiga las tensiones entre lo construido y lo orgánico, entre lo racional y lo intuitivo. Le interesa la manera en que los materiales de construcción, las formas arquitectónicas y los espacios habitables se relacionan con lo vegetal, lo atmosférico y lo efímero. Esta interacción se expresa a través de recursos como la transparencia, la fragmentación, el trazo, la veladura, el impasto y la repetición, que operan como mecanismos de composición, pero también como estrategias para pensar el tiempo, la transformación y el registro.
En su trabajo, el proceso ocupa un lugar central: cada obra se desarrolla desde una lógica que equilibra el control técnico con la apertura al error, al accidente, al gesto espontáneo. Este enfoque procesual le permite generar superficies y estructuras donde el color, la luz, la materia y el vacío funcionan como elementos activos en la construcción de las imágenes.
El espacio expositivo no es un contenedor neutro para la obra, sino una extensión de ella. Zúñiga concibe cada exposición como una oportunidad para intervenir, reconfigurar y narrar. Se convierte en un lugar temporal donde se inscribe una historia visual, construida desde sus intereses formales y estéticos, pero también desde una voluntad de generar una experiencia perceptiva para el espectador. La instalación se convierte así en un gesto de ocupación consciente del espacio, una arquitectura poética que propone nuevos modos de habitar y mirar.
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