2024
Curaduría:
Maria Adelaida Samper
20 de febrero
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“Matrilinaje” reúne trabajos de cuatro mujeres artistas que nos ayudan a pensar sobre la manera de manifestar estos nuevos órdenes simbólicos, tan necesarios para la reconfiguración de las estructuras de dominación que conforman los órdenes sociales y políticos. Las obras aquí presentes se ven atravesadas por una pregunta sobre los oficios, y la manera en la que ciertos saberes que transforman la materia se transmiten entre generaciones de mujeres como formas de cuidado, de memoria y de producción de conocimiento. En particular el textil, puede entenderse como la manifestación material del linaje femenino, algo que se va pasando entre nosotras y que no se manifiesta de la misma manera en el lenguaje que nombra, que consigna la historia.
La primera idea de la exposición aparece de una reflexión sobre el tejido, esa práctica milenaria de mujeres y de arañas. Irene Infantes cuenta, a veces, sobre cómo su abuela le había enseñado a coser y bordar y la manera en la que esto había terminado por influenciar y definir su relación con la materia textil. En sus obras que son, al mismo tiempo, delicadas e industriales nos encontramos también con las contradicciones de la producción de objetos manuales en nuestra contemporaneidad tan mediada por lo maquínico. En el trabajo de Gabriela Estrada Loochkarrt, a través de la colaboración con una tejedora, nos encontramos frente a una escultura que mezcla atrevidamente la artesanía con el video performance, y que a través de un texto-escultura producido de la lectura y traducción de Luce Irigaray, nos enfrenta a un número de contradicciones y reivindicaciones necesarias en los intentos por la producción de este nuevo orden simbólico. Esta misma confrontación e interrogación nos encuentra frente a las telas de Alejandra Hernández, quien produce esta serie de imágenes tomadas de su archivo personal y que a través de las tinturas naturales con las que las produce, establece un contexto estético el que se unen los partos con los procesos de la tierra. Finalmente la instalación creada con las esculturas de María Roldán, es una reiteración de este gesto que une lo sagrado y lo ritual con las vísceras femeninas, una suerte de invocación para un futuro en el que podamos superar las alienaciones impuestas entre nosotras, nuestro cuerpo, nuestra psique, y nuestras relaciones con otras mujeres. Ante la represión de lo simbólico femenino, las mujeres desde el arte pueden construir resistencias que transforman, que toman la tripa y la entraña como lugares de expresión de lo que une a las mujeres de una misma familia, de una misma sociedad, de un mismo contexto de opresión patriarcal, que muchas veces se expresa en la disciplinarización y ocultamiento del cuerpo femenino.
Luce Irigaray preguntaba hace ya varias décadas: “¿Cómo se representa la vida intrauterina y el cuerpo a cuerpo con la madre en el orden simbólico de nuestra cultura?” En esta muestra se esbozan respuestas desde la estética. Entre el hilo y la tripa, también van apareciendo las maneras en las que podemos abordar el tema de la maternidad ese matrilinaje oculto, que a veces excluye a tantas mujeres del mundo del arte contemporáneo; se van mostrando las contradicciones estéticas y afectivas de la condición de la mujer y del ser madre, hija, nieta, bisnieta, tataranieta. Hay amor, hay ternura, hay rabia, hay frustración enmarcada en la dificultad de nombrar, en la dificultad de acertar en el agarre del hilo conductor de las heridas generacionales. La intuición de las células uterinas despierta estas inquietudes y los hombres las han llamado histerias.
María Adelaida Samper