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Matrilinaje
2024


Curaduría:
Maria Adelaida Samper


20 de febrero 3 de abril 
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Esta muestra colectiva propone un ensayo que se pregunta por cómo hacer emerger, desde las prácticas artísticas, las condiciones para un imaginario femenino. Un imaginario que surja desde la complejidad de las relaciones de poder y dominación de los cuerpos, sobre las cuales se erige el edificio patriarcal y capitalista. El día a día de las sociedades occidentales y su cultura funcionan sobre la base de un matricidio, la eliminación del poder y la agencia de la madre, convirtiéndola en un cuerpo reproductor para aumentar la fuerza de trabajo. Los hijos toman el apellido del padre: esa es la trazabilidad de la progenitura. Esto puede parecer un hecho banal, pero al no poder nombrar la línea que existe entre bisabuela, abuela, madre, hija, nieta se invisibiliza y se diluye una relación que se crea desde la tripa, desde las entrañas, desde el nivel celular más primario. La anulación lingüística del linaje femenino, es una forma de opresión que intenta debilitar la agencia de las mujeres con el mundo y sus posibilidades de asociación entre ellas mismas. Se trata de una violencia más entre muchas otras, esta nos marca transgeneracionalmente, y nos despoja de un desarrollo en el orden simbólico, que nos permita manifestar lo esencial de esta relación carnal. 

“Matrilinaje” reúne trabajos de cuatro mujeres artistas que nos ayudan a pensar sobre la manera de manifestar estos nuevos órdenes simbólicos, tan necesarios para la reconfiguración de las estructuras de dominación que conforman los órdenes sociales y políticos. Las obras aquí presentes se ven atravesadas por una pregunta sobre los oficios, y la manera en la que ciertos saberes que transforman la materia se transmiten entre generaciones de mujeres como formas de cuidado, de memoria y de producción de conocimiento. En particular el textil, puede entenderse como la manifestación material del linaje femenino, algo que se va pasando entre nosotras y que no se manifiesta de la misma manera en el lenguaje que nombra, que consigna la historia. 

La primera idea de la exposición aparece de una reflexión sobre el tejido, esa práctica milenaria de mujeres y de arañas. Irene Infantes cuenta, a veces, sobre cómo su abuela le había enseñado a coser y bordar y la manera en la que esto había terminado por influenciar y definir su relación con la materia textil. En sus obras que son, al mismo tiempo, delicadas e industriales nos encontramos también con las contradicciones de la producción de objetos manuales en nuestra contemporaneidad tan mediada por lo maquínico. En el trabajo de Gabriela Estrada Loochkarrt, a través de la colaboración con una tejedora, nos encontramos frente a una escultura que mezcla atrevidamente la artesanía con el video performance, y que a través de un texto-escultura producido de la lectura y traducción de Luce Irigaray, nos enfrenta a un número de contradicciones y reivindicaciones necesarias en los intentos por la producción de este nuevo orden simbólico. Esta misma confrontación e interrogación nos encuentra frente a las telas de Alejandra Hernández, quien produce esta serie de imágenes tomadas de su archivo personal y que a través de las tinturas naturales con las que las produce, establece un contexto estético el que se unen los partos con los procesos de la tierra. Finalmente la instalación creada con las esculturas de María Roldán, es una reiteración de este gesto que une lo sagrado y lo ritual con las vísceras femeninas, una suerte de invocación para un futuro en el que podamos superar las alienaciones impuestas entre nosotras, nuestro cuerpo, nuestra psique, y nuestras relaciones con otras mujeres. Ante la represión de lo simbólico femenino, las mujeres desde el arte pueden construir resistencias que transforman, que toman la tripa y la entraña como lugares de expresión de lo que une a las mujeres de una misma familia, de una misma sociedad, de un mismo contexto de opresión patriarcal, que muchas veces se expresa en la disciplinarización y ocultamiento del cuerpo femenino. 

Luce Irigaray preguntaba hace ya varias décadas: “¿Cómo se representa la vida intrauterina y el cuerpo a cuerpo con la madre en el orden simbólico de nuestra cultura?” En esta muestra se esbozan respuestas desde la estética. Entre el hilo y la tripa, también van apareciendo las maneras en las que podemos abordar el tema de la maternidad ese matrilinaje oculto, que a veces excluye a tantas mujeres del mundo del arte contemporáneo; se van mostrando las contradicciones estéticas y afectivas de la condición de la mujer y del ser madre, hija, nieta, bisnieta, tataranieta. Hay amor, hay ternura, hay rabia, hay frustración enmarcada en la dificultad de nombrar, en la dificultad de acertar en el agarre del hilo conductor de las heridas generacionales. La intuición de las células uterinas despierta estas inquietudes y los hombres las han llamado histerias. 

María Adelaida Samper