2026
Juan Covelli
17 de septiembre
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Esta exposición se sitúa frente a la pintura rupestre de la Serranía de La Lindosa, no para ilustrarla ni para interpretarla arqueológicamente en sentido tradicional, sino para intervenir los marcos desde los cuales ha sido leída.
La arqueología moderna ha administrado el tiempo. Al fechar, estratificar y periodizar, convierte el pictograma en evidencia fósil y lo inscribe dentro de una narrativa lineal del progreso humano. En ese gesto interrumpe la continuidad indígena y transforma el territorio en archivo. La reciente fascinación por la megafauna del Pleistoceno intensifica esta operación: cuanto más antiguo el pictograma, más valioso resulta para el relato global. El pasado profundo se vuelve espectáculo. El presente indígena se diluye.
Frente a esta operación, el proyecto propone una arqueología especulativa. No se trata de reconstruir lo que “realmente fue”, sino de poner en crisis las condiciones desde las cuales se produce verdad sobre el pasado. La arqueología especulativa aquí no excava para estabilizar sino para desprogramar. Asume que toda clasificación es una construcción ideológica y que toda imagen es una intervención sobre el tiempo.
La exposición confronta tres regímenes de la mirada: el pictograma indígena, entendido como cosmograma, una inscripción relacional entre humano, animal y territorio donde las temporalidades coexisten y no se subordinan a una línea evolutiva; la representación científica, que traduce el signo en taxonomía y convierte la imagen en prueba; y la visión algorítmica, introducida por el artista como tercer régimen contemporáneo. Aquí, la imagen se convierte en vector, el archivo en dataset y la historia en modelo probabilístico. Si la expedición colonial cartografió el espacio, la red neuronal cartografía el dato.
La inteligencia artificial es utilizada aquí como herramienta crítica. A partir de bases de datos de pictogramas y representaciones científicas de fauna, Covelli entrena modelos que no buscan producir reconstrucciones fidedignas, sino nuevas iteraciones capaces de hacer visible el conflicto entre cosmología, taxonomía y probabilidad. En el espacio latente de la red neuronal, las imágenes se aproximan y se transforman hasta producir figuras que no pertenecen enteramente a ninguna de sus fuentes. La máquina no reconstruye el pasado: especula con él.
La materialización de estas imágenes prolonga esa operación mediante sucesivas traducciones entre territorio, dato y materia. Un fragmento del muro de La Lindosa, escaneado en 3D por Covelli en Cerro Azul, pasa del espacio digital a la impresión 3D y al molde para producir placas cerámicas que conservan la topografía de la roca original. Sobre ellas, se pinta a mano, con óxidos y barro, figuras derivadas de las inferencias de la red neuronal. De manera similar, las imágenes científicas del Glyptodon y el Megatherium atraviesan transformaciones algorítmicas que alteran su apariencia antes de materializarse mediante procesos cerámicos artesanales. La inteligencia artificial y el barro, la imagen calculada y una tecnología material de larga duración, quedan así contenidas en un mismo objeto.
Los fósiles de animales del Pleistoceno, procedentes de bases de datos científicas, se convierten a su vez en objetos fotosensibles que se iluminan, desplazando la evidencia hacia el artificio y el espectáculo. Su presencia no confirma que esos animales sean aquellos representados en los pictogramas; vuelve visible, por el contrario, la distancia entre la existencia documentada de una fauna y las interpretaciones que pretenden reconocerla en las paredes de La Lindosa.
Los videos articulan estas operaciones haciendo visible el funcionamiento del espacio latente: las imágenes atraviesan sucesivas iteraciones mientras el modelo genera las figuras que reaparecen bajo distintas materialidades en la exposición. El fotomural extiende el mismo procedimiento al territorio: construido íntegramente mediante inteligencia artificial, presenta una formación rocosa verosímil pero inexistente, poblada por las nuevas imágenes producidas por el modelo. Los neones extraen algunas de esas figuras y las desplazan hacia el lenguaje de la luz y el adorno. El artificio ya no interviene solamente el pictograma: produce el paisaje que parece contenerlo y desestabiliza las distinciones entre original y copia, evidencia e invención, antiguo y contemporáneo, materia y dato.
La arqueología especulativa que propone Covelli no ofrece respuestas definitivas sobre el origen de las imágenes rupestres. Construye, en cambio, una escena de fricción entre distintas tecnologías de representación y las formas de autoridad que cada una produce. Desde la superficie de una roca hasta el espacio latente de una red neuronal, cada traducción transforma aquello que pretende registrar.
Más que representar el pasado, Cosmograma en espacio latente interroga el derecho a representarlo.
Juan Covelli y Paula Builes