Home

Nada te será devuelto
2026


Saúl Sánchez



17 de septiembre  en curso 
-

Una piedra es lanzada sobre la superficie del agua. Rebota una vez, luego otra, y con cada contacto pierde parte de la energía que sostiene su recorrido. La intención es prolongar su trayectoria, extender durante unos instantes ese movimiento antes de que finalmente se hunda.

En Nada te será devuelto, Saúl Sánchez parte de este gesto para articular dos ideas que atraviesan la exposición: la extensión del tiempo y la certeza de la pérdida. Cada rebote prolonga la permanencia de la piedra sobre el agua y, al mismo tiempo, la acerca a su desaparición. En cada contacto, una parte de la energía se disipa y otra hace posible el siguiente impulso. Extender el movimiento es también asistir a su agotamiento. 

La extensión del tiempo no suspende la pérdida; apenas la aplaza.

Esta tensión se despliega en la exposición a través de distintas formas de medir, fragmentar y repetir el tiempo. Los metrónomos presentan tres momentos de una oscilación que, sin embargo, no pertenecen a un mismo tempo. Los instantes están desincronizados y aquello que reconocemos como un movimiento periódico pierde su continuidad: la secuencia se convierte en una suerte de animación fragmentada, un movimiento imposible construido a partir de sus interrupciones.

En las ranas, el salto se descompone en posiciones sucesivas: cada figura corresponde a un momento específico de su curva de movimiento. Como en los principios básicos de la animación, la continuidad se construye a partir de una sucesión de instantes inmóviles: para hacer visible el movimiento es necesario, primero, fragmentarlo.

Pero la repetición introduce también la posibilidad de medir. Todo fenómeno que se repite en el tiempo tiene una frecuencia, expresada en Hertz: el número de ciclos que ocurren en un segundo. La onda sinusoidal —una de las formas elementales de representar una oscilación periódica— permite describir fenómenos tan distintos como el movimiento y el sonido. Cada tono corresponde a una frecuencia determinada y el color, en otro registro del espectro, puede entenderse también a partir de la frecuencia de las ondas electromagnéticas.

En una secuencia pictórica, el ritmo aparece a través de la alternancia, la escala y el color. Las formas se enlazan sobre una misma línea mientras disminuyen progresivamente, estableciendo una secuencia que remite a la pérdida de energía de la piedra en cada contacto con el agua. Su repetición produce una frecuencia visual. La pintura entra así en relación con otras formas de oscilación presentes en la exposición: el metrónomo, el salto, la onda, el sonido. Distintos lenguajes para hacer perceptible aquello que sucede en el tiempo.

Frente a estos intentos por extender, descomponer o medir el tiempo, la piedra introduce una condición distinta: la de aquello que se pierde. Antes de lanzarla, se busca, se observa y se elige. Su forma importa. Su peso importa. Pero el gesto mismo exige renunciar a ella. Una vez lanzada, cada rebote prolonga su presencia mientras la acerca, inevitablemente, a su desaparición.

Allí reside una de las paradojas que articula Nada te será devuelto: prolongar no es conservar. Podemos repetir un movimiento, dividirlo en instantes, medir su frecuencia, fijar su trayectoria en una imagen o intentar extenderlo un poco más. Pero ninguna de esas operaciones consigue detener aquello que transcurre.

La piedra toca la superficie una vez, luego otra, quizás muchas. Durante unos segundos parece resistirse a desaparecer y seguimos con la mirada cada nuevo contacto con el agua. Todo el gesto consiste en conseguir que ese intervalo dure un poco más, aun cuando conocemos desde el principio su desenlace. Por precisa que sea la técnica, finalmente se hundirá. 

En algún punto de este recorrido, Nada te será devuelto aparece también como palabra y como luz: el título de la exposición, materializado en neón, enuncia aquello que las demás obras exploran desde el movimiento, la repetición y la pérdida. No como una conclusión, sino como una certeza que atraviesa el conjunto.

Nada te será devuelto encuentra así, en la trayectoria de la piedra, una imagen del tiempo: podemos extenderlo, medirlo, fragmentarlo y representarlo, pero nunca hacerlo regresar.


Paula Builes